miércoles, 28 de julio de 2010

LA CARA OCULTA DEL BOTELLON

Se acercan las 12 y por la cabeza vuelve a surgir la expresión: ¡Joder, otra vez tarde! Corriendo abres el armario, sabes que tienes que comprar ropa, pero bueno, para otra vez será… por ahora unos vaqueros y una camiseta, o una camisa. ¿Voy demasiado arreglado? ¿Estoy bien peinado? Puta mierda de prisa, he arrancado a sudar otra vez.

Se va acercando el momento, la expresión de tu cara cambia entre la risa de seguridad cuando vas con tus amigos, el cachondeo, empiezan las diabluras y entre la de cuando vas solo, y te da tiempo a reflexionar todo lo que no debes reflexionar, total, si tus putos ideales y valores se van a ir a la mierda cuando estés ciego de alcohol, porros o cualquier otro forraje.
Buscas un sitio, deseando abrir esa botella. Miras hacia los lados y la gente te mira: ¿Qué coño miraran? Lo mismo que tu, hasta que no esté todo el mundo borracho no dejaran de aparecer esas miradas incomodas de gente que no conoces.
Casi llegas al lugar de enajenación mental, y de repente alguien te llama, te giras, y si, es el pardillo ese que siempre evitas saludar. A ese que le parece que eres especial o yo que sé, porque todo lo que haces le parece bien. Escuchas un poco de su peloteo, y te escusas diciendo que tus amigos se van sin ti.
Ahora sí, un porrazo a la bolsa de hielo, cuidado con no partirla, metes el dedo hasta rasgar la bolsa con las mismas ansias que lo meterías en una vagina. Se acercan los vasos y te toco llenarlos de hielo, la botella ya está preparada para derretirlos con su alcohol. El primer trago... un zumo esta mas bueno, lástima que no se coma el juicio como lo hace el alcohol.

Y aquí tamos, en el punto crítico: El primer cubata. El momento en el que parecemos un portero de discoteca, siempre mirando a nuestro alrededor, cual suricato de la sabana.
En tu búsqueda encuentras a esos colegas que solo ves en botellonas, pero que aun no estás lo suficientemente diluido en alcohol como para hablar con ellos, ya nos contaremos batallitas mas tarde.
¡Vaya ¡ Ese colega que hacia tanto tiempo que no veías, bueno hare como que no lo veo todavía y en la siguiente copa voy a saludarlo.
Sigues con tu sesión de miradas y encuentras a esa tía que tan cachondo te pone (o que tanto te gusta para las mentes blandas), y buscas treinta escusas para hablar con ella, pero ninguna de ellas te convence. Aunque según vaya subiendo este brebaje hasta lo que haya debajo los pelos, cada vez te parecerán más normales o por lo menos te dará los huevos para ir a hablar con ella.
Y sigue pasando la noche con tus colegas, contando historias antiguas, algunas son casi leyendas, y chistes. Si fuéramos tías, empezaríamos a hablar sobre nuestras emociones y cosas así, pero no, somos unos tíos duros y hablar de eso es de nenazas, por lo menos mientras estas sobrio.

Llego el momento ruta de reconocimiento, ya te encuentras con la suficiente fuerza para aguantar a cualquier borracho o entrarle a cualquier tía. Estas súper bueno, y cualquier tía que te mira, es porque te desea porque en el fondo ella sabe que las botellonas son el lugar ideal para encontrar su príncipe, esa persona ideal, porque claro hay la gente puede ser una misma, porque les dirán todas las palabras bonitas que necesitan oír, y da igual que esas palabras sean mentira, total esta borracha y no se va a dar cuenta.
Y mientras sigues con tus gilipolleces mentales, y después de tres conversaciones estúpidas y cuanto por cumplir, llegas hasta tu colega, hasta tu amigo, ese al que le das un abrazo y además por efecto del ron, whisky o lo que sea, hasta dos besos. Y es hora de ponerse al dia, sobre todo lo que te has podido comer y no te has comido, sobre todo lo que vas a hacer y no has hecho. Y bueno, recordando buenos tiempos claro está.
De tu querido amigo, a esa tía con la que tanto te gustaría fundirte, por esos lugares que parecen una pieza de puzle, hechas para encajar. Y entras con seguridad, y hablas con ella, de cualquier cosa, pero claro, tu solo piensas en como encajar las piezas del puzle y no en hacer que ella se sienta bien, solo le regalas los oídos diciendo lo que todo el gilipollas de turno le ha dicho, sin intentar hacer que ella se sienta diferente contigo, pero bueno estás hablando con ella... o lo estabas hasta que llego su “encantadora amiga” y hace que ella se gire para hablar con su “estúpida amiga” y tu como anonadado esperando a que vuelva a hablar contigo. Pero parece que hablar sobre polvos mágicos de la cara es más importante que tu.

Ahora si… ya a llegado, es el momento, ahora estoy borracho, inmerso en un estado de satisfacción, de despreocupación, es el momento de las locuras, a partir de aquí empieza la noche, porque ahora TENGO ALAS.

Y así como si fuera, Ícaro se levanta a la mañana siguiente viendo que se le habían vuelto a derretir las alas, y ahora solo queda un puto enano dentro de tu cabeza que se dedica a darle patadas a tu cerebro, y a dejarte un ratito de reflexión y de culpa que solo dura 5 o 6 días. Porque el fin de semana que viene volverás a hacer lo mismo, total, para que cambiar, con lo bien que sienta volar. ¿Para qué hacerlo distinto?

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